No se si alguna vez te paso, espero que no, sinceramente desde el fondo de mi conciencia lo digo. Esta detrás mío en cada segundo, acechando como una sombra que puede sobrevivir sin una fuente de luz. Intente escaparme, te juro que lo intente pero me rastrea al lugar en donde voy, no sé cuantas veces intente escapar de ella. Me gustaría recordar los intentos inútiles, uno hubo del cual me acuerdo y me da mucha gracia, tanta que tengo que reprimir un ataque de risa casi incontrolable. Estaba en el parque leyendo una novela que me había llevado a una tierra peculiar, estaba perdido entre magos y hechiceras que requerían toda mi atención, de pronto cuando las acciones finales parecían volcarse a favor del bien, siempre se vuelcan a favor del bien, un cosquilleo dentro de mi cabeza dio luz a lo que conocía. Ella estaba acechando, mire alrededor pensando en que alguien podía notarlo, todavía tenía tiempo de escapar a la soledad de mi cuarto, un lugar donde ella me azotaría mientras el mundo seguía girando sobre su eje. Corrí por el parque abrazando fuerte mi libro de magos y hechiceras, con la esperanza que el bien surgiria y me ayudaría, pero no siempre la realidad es tan benévola como la fantasía. Hoy esa anécdota me causa risa pero el tiempo ha pasado y cada vez es más recurrente la presencia de ella, se me ocurrió una idea, quizás una de las ultimas que me quedan con respecto a evadirla. En pocos minutos me voy a subir a un avión, creo que si despego los pies lo suficiente del suelo, uno miles de pies hacia arriba quizás su poder sobre mi desista. No quiere decir que viviré en el aire pero necesito un poco de tranquilidad, saque un boleto a Japón, donde el tiempo de vuelo estimado supera las doce horas. Me pregunto si dará resultado, estoy ansioso por probar, las ideas nuevas no son moneda corriente. Este café que me trajo la moza del aeropuerto tenia cafeína, idiota le pedí especialmente que sea descafeinado, no le conté la razón. Si le digo "señorita" por favor sin cafeína ya que corro serio riesgo de despertarla, la cara que hubiera puesto no sería la mejor. Lo único que me faltaba era terminar preso en la cárcel de un aeropuerto, deben ser lindas cárceles no como la de devoto o Marcos Paz pero igual la idea no era de mi agrado. Le pedí la cuenta por que el embarque se anunciaba, no le di propina, acostumbrada a extranjeros que dejan euros como si fueran hechos de papel higiénico, me miro con mala cara. Tome mis pocas pertenencias ya que el resto lo había despachado, solo tenía un viejo libro que alguien me había regalado en blanco, pero estaba casi todo escrito con las cosas que se me ocurrían cada vez que ella me atacaba. Guarde mi pluma y agarre el libro para salir corriendo hacia la puerta de embarque numero 13, parece cosa del diablo, ni siquiera la pego con el numero. Estando en la fila unos jóvenes se me acercan con cara de enigmáticos, cuchichean entre si y me señalan. Otra vez no, pienso para mis adentros, no me pueden dejar en paz, no es suficiente, cuanto más quieren. Se acercan como siempre con sus cámaras y uno de ellos saca de su mochila verde un grueso volumen. Les sonrió, ellos no tienen la culpa, si la tuvieran ya les hubiera hecho pagar. Me piden que les firme el libro, es la edición número 50 de una de mis primeras trilogía, la idea de esos libros se me había ocurrido hace mucho tiempo en una plaza mientras leía una novela de magos y hechiceras. El resultado de el ataque de ella había sido provechoso, siempre los ataques era fructíferos. Me apuro para que me dejen en paz, el café comenzaba a instalarse en mi cabeza como un piquetero que no desea abandonar su lugar de protesta. Sé que no tengo la fuerza de voluntad para evitarlo, tomo un trozo de papel instintivamente y deseo reprimirlo pero es tarde, la represa de ideas se destruyo. Escribo unos garabatos sin sentido, al principio nunca tienen sentido, pasan unos minutos donde no tengo conciencia del mundo que me rodea, al sentir bajar el ataque escucho la llamada final que dice...."es la última llamada para el pasaje.....".
Soy yo. Camino lentamente para que ella no se aproveche, me presento y le doy mi boleto a la empleada de la aerolínea que con una sonrisa hermosa me desea un buen viaje. Ojala sea así, por doce horas sin interrupción me gustaría no recibir ataques.
Dentro del avión una dama saca un libro que parece muy antiguo y siempre que veo eso las defensas se caen, milagrosamente no pasa eso. Me siento feliz, creo que voy a superarlo, observo el incunable sin miedo. El avión comienza a despejar y me tiembla todo, pero aun así no me importa. Voy a poder ser libre, hace cuanto que no era realmente libre. Reclino el asiento y empiezo a dormirme, miro por la ventana y observo que es de noche y la luna llena es la protagonista del cielo, siento un temblor que se adueña de mi cuerpo y no es la turbulencia, es ella que vuelve a atacar de nuevo sin piedad como aprovechándose de que estemos a miles de pies de altura, mientras mi acompañante me mira como saco frenético una hoja de papel no puedo explicarle que estoy batallando contra la imaginación.